miércoles, 4 de noviembre de 2009

Maruja Vieira White: “Descaradamente viva”

El pasado 29 de octubre de 2009, tuvo lugar en Sabaneta un acto donde se le rindió un sentido homenaje a la poeta Maruja Vieira White y se le entregó el premio Erato.

Esta es la presentación que María Jaramillo Villegas hizo sobre la obra de Maruja Vieira en el acto central.

Sabaneta 29 de octubre de 2009

Me corresponde hacer la presentación de la maestra. Puedo empezar por su origen, por repetir las fechas, enumerar los premios recibidos y los títulos de sus obras. Muchos de ustedes ya conocen esta información, pero para aquellos desprevenidos que están aquí con el propósito de mirar de cerca a esta mujer a la que hoy Sabaneta le dedica toda su atención, la simpleza de un recuento de datos los dejará incompletos.

Maruja Vieira White es más. La Corporación de Arte y Poesía en la Calle quiere dejar su imagen viva porque hay cualidades en ella que la colocan por encima del reconocimiento. Maruja se hizo por amor, ha vivido por él y habla por él:

“… y algunos afortunados tenemos

una ventana por donde entra el sol de la tarde

y una voz muy amada que nos llama”.

En este canto de amor a sus ochenta y cinco años, se define “descaradamente viva”. Todo en ella lo está: sus ojos, sus oídos, su voz. El primero de septiembre de este año, esta mujer manizaleña iluminada por una sonrisa de paz leyó sus versos y conversó con el escritor Gonzalo Mallarino. Vigente y activa, crea en la belleza de su madurez privilegiada.

He observado en la historia de Maruja una constante: Su padre, Joaquín Vieira; su tío abuelo, Rafael Uribe Uribe; su esposo, José María Vivas Balcázar; su inspirador, Antonio Machado y considero también a su hermano Gilberto. Hemos escuchado decir en el argot popular: “Detrás de un gran hombre, hay siempre una gran mujer”. Seguramente las habrá, pero en ocasiones como ésta, encontramos al lado de una mujer muy especial, no uno, sino varios personajes masculinos cuyos valores influyeron en su ingenio, sin descartar desde luego la sombra de su madre, Mercedes, y de su abuela, Rita.

“Era mi padre, íbamos juntos,

era el mundo.

No había más en las trémulas

soledades del alma

que su paso ya lento,

su voz dulce y antigua

y el tiempo azul, que araba

la tierra de mi infancia.”

El amor de Maruja por ellos, por su familia y por cada pedazo de su vida está en sus poemas. La Corporación Arte y Poesía en la Calle la invitó para divulgarlos. Los escogió con todo cuidado para verlos volar sobre la ciudad, para dejar la huella de La niña de las canciones: Ana Mercedes Vivas, la hija del amor, la que cala más hondo, hoy cuando todavía “no encuentra las palabras para decir la ausencia de las manos del padre”.

“Cuando era necesario elegir

entre el pan y las flores,

comprábamos las rosas.”

Tres versos de su poema Todavía que hablan por sí solos, tres versos para resumir la filosofía de una familia que ostenta el don más preciado, el de estar unidos por el amor y por la capacidad de distinguirlo por encima de los bienes materiales.

Maruja Vieira es más. Miembro de número de la Academia Colombiana de la Lengua, escribe porque sabe y sabe lo que escribe. Poeta, catedrática, crítica literaria y periodista; empezó jugando con lo que más tarde sería su oficio. Autodidacta, como su hermano Gilberto, ya fallecido, ama la docencia. Ha enseñado en las universidades Central y de la Sabana de Bogotá. Personas como Maruja, ejemplo de tenacidad y talento, convencidas de hacer lo que desean, “descaradamente vivas”, son las indicadas para dedicarse al honroso trabajo del maestro.

“Recuerdo que mi escuela

tuvo un balcón de árboles

y un patio junto al claro

viaje de los gorriones.”

Su “Columna de humo” en El Espectador no fue tan sutil. Sirvió de ejemplo y abrió camino para otras mujeres de temple y sensibilidad como la suya. La Universidad Central postuló a la escritora al Premio Nacional Mujeres de Éxito en la categoría cultural y artística y el jurado le otorgó el reconocimiento a la poeta por su libro Los nombres de la ausencia. El libro fue presentado en el año 2006 por la Fundación Mujeres de Éxito. David Mejía Velilla escribió en el prólogo: “La elegía es el canto de la inmortalidad, del amor que perpetúa más allá de la muerte, más allá de los desiertos del olvido.”

Ha recibido varios reconocimientos. Le fue concedida por Chile la Orden Gabriela Mistral. El Departamento de Caldas la condecoró con la Orden Aquilino Villegas y su ciudad natal con la Cruz de Manizales. Colombia la ha sentido: Gran Orden de la Cultura del Ministerio de Cultura, Medalla Simón Bolívar del Ministerio de Educación Nacional y Medalla Honor al Mérito Artístico de Bogotá, D.C.

Esta noche, la Corporación Arte y Poesía en la Calle y al frente de ella, su gestor Diego Luis Bedoya Sánchez, unido a un grupo de amigos entusiastas, Sabaneta y todo este público ávido por las expresiones del arte, quieren rendirle un homenaje. Arte y Poesía en la Calle cumple sus veinte años de labor cultural y los celebra con la entrega del reconocimiento nacional Erato a la poeta, pero también hoy nos asombra esta mujer de los amores leales, que cree en su fuerza.

Que...

“Todavía

cerca del corazón se detiene la vida

cuando te nombra alguien”,

y ese alguien llegó para llenarla de satisfacciones, poner una sonrisa en su rostro, enriquecerla y conservarla hoy, “descaradamente viva”.

María Jaramillo Villegas

2 comentarios:

José M. dijo...

Es la semblanza de una mujer llena de vida y de poesía. Excelente factura la de la presentación.
José M.

Anónimo dijo...

Felicitaciones mis queridos amigos, por el el maravilloso blog que nace para llevarnos por el camino de las letras y la buena literatura, rescatar y recordar a sus autores.

Felicidades y exitos queridos amigos.

Gloria Luz.