viernes, 8 de abril de 2011

Resultados del nocturno poético en La Estrella




(Fotos atención de Pedro Arturo Estrada)

En La Casa de la Cultura de La Estrella, un lugar rodeado de naturaleza, la poesía recibe un trato privilegiado. Su director, Héctor Julián Sánchez Montoya, ha logrado sostener durante siete años un espacio que convoca a residentes del municipio, invitados y a todos aquellos que desean expresarse en este campo.

Con especial deferencia, el nocturno poético recibe el último jueves de cada mes a todos sus participantes. El pasado jueves 31 de marzo, Gotas de tinta hizo presencia con cuatro de sus seguidores: Pedro Arturo Estrada Zapata, Georges Weinstein Velásquez, Felipe López Giraldo y María Jaramillo Villegas.

A continuación compartimos con ustedes algunos de los poemas.


Las muchachas nacen silvestres

Para Lina María Ceballos

Una muchacha puede nacer y crecer instantáneamente

en cualquier lugar y hora. Producto natural de la tierra,

brota de repente en un parque público,

una esquina de barrio, una puerta humilde,

una estación de metro, un hospital a las dos de la madrugada,

un cementerio bajo la lluvia.

Hay poderosas fuerzas espacio temporales que se concitan

alrededor de estas apariciones de muchachas que,

según los especialistas, suelen clasificarse en grupos

o variedades casi infinitas.


No es lo mismo –digamos– una muchacha de parque metropolitano

que una de jardín pueblerino.

La primera, es obvio,

tendrá mejor tamaño y aspecto pero su color, su brillo,

serán de menor duración dada la impureza ambiente

mientras la segunda, más fina, más fresca,

mantendrá un encanto íntimo, perdurable.

Así mismo, se acentúan los matices entre muchachas

surgidas de de la noche y las que afloran por la mañana

o se reproducen como muñecas de acrílico en los centros comerciales.

Pero es un misterio indudable cómo se dan silvestres las muchachas

y también, cómo desaparecen de golpe,

dejando en el aire la fragancia a veces dulce,

a veces áspera o venenosa

de su paso fugaz en nuestras vidas.

Pedro Arturo Estrada Zapata

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Noctívaga armonía

Vi, asombrado, repetirse

entre los lapsos de la noche

la gozosa plenitud de un beso.

Oh las sombras que se tejen

en las sombras de las noches,

las sombras que se unen

entre sábanas y almohadas.

Sombras ascendentes

flotando en pequeños universos

al ritmo dadivoso de su entrega.

Miradas que no alcanzan

a verse entre la noche,

y, sin embargo, ¡sí se miran!;

ojos que refulgen entre sombras,

in crescendo, con la absoluta

inmensidad de un beso.

Que no interrumpa el Sol

naciente en el oriente raso

las almas que encontraron

su norte entre el calor de lunas,

que si el día trae con su luz la vida,

de la noche en su silencio brota

el perfecto resplandor que surge

de la imborrable plenitud del beso.

Georges Weinstein Velásquez

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Recordar desde la piel

Desde esta realidad,

ya desbordada el alma,

enajenada

para evitar cada roce,

cada sonido,

cada palabra incómoda y

dispuesta a maltratar la

blancura del espacio.

Recuerdo…

Y recordar es parte

de la muerte en su oficio

transformador de la esencia

donde se aposentaron

los sentidos,

se embriagó la mirada

y al vernos

nos sentimos uno solo.

Sobre el piso esparcida

la plenitud de ayer,

sobre la cama aún las mismas

sábanas, el mismo olor

y ese deseo de volverse

nube, de anclar la vida,

de aceptar sin dolor la pesadilla,

como se olvida la cometa roja,

la que nunca pudimos elevar.

Se perderán por fin en la

memoria los sitios y rincones

que nos vieron, y un día,

ya sin saber dónde te quise,

te recuerde como hoy

desde mi sangre,

desde mi piel oscura,

desde mi olor,

y aspire cada transpiración

de vida que me diste

y pases por mi médula

centímetro a centímetro escarpando

la estructura de tus remordimientos

dejados al azar,

por si algún día, sin pretenderlo,

alcanzas el indulto.

María Jaramillo Villegas

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A solas Conmigo I

No musites tu odio en lugares públicos,

decíle que no sabes nada

porque un poeta llora,

decíle que no sabes nada

peligroso conquistador fracasado

que impregnas de saliva a la cara de las musas,

baboso discurso, de una boca de lluvia maleva.

Decíle que no sabes nada

que la oralidad no es el nirvana de los solitarios

que los “gallos” de la voz es un canto matutino

de los desgarros de la disonancia asquerosa

del humano que es tan humano.

Bípedos de una soledad tan perfecta

no te cures nunca,

decíle que no sabes nada,

que el poeta no es un arquitecto de metáforas

por el clímax de un dios extravagante.

No te cures nunca

sufre hasta el último sinónimo de tedio

la maldición no es sufrir

¡es ser poeta!

Decíle que no sabes nada

porque el poeta no llora

en plazas públicas

y no hace cuentas bancarias con Thánatos.

Impulsa las secreciones de tus poros bohemios

al alto estado de un espejo que te desconoce

no te cures de tu suciedad

no conquistes el amor

gran súper héroe de la sensibilidad

conquista el desconcierto

de no tener paz

conquista el desamor

poeta que llora tras las puertas cerradas

conquista el desamor

que los poemas serán infinitos hasta la muerte.

Decíle que no sabes nada

de esa criatura que se tritura melancólica

que se levanta al nuevo día del nuevo día,

hasta que el nuevo día deje de serlo

para esperar hastiado el último día.

¡Decíle que no sabes nada!

¡no te cures nunca!

poeta que llora en silencio,

Si has de huir, huye entre el verso

y la palabra que reafirma tu huida,

huye presuroso

que la maldición no es sufrir

¡es ser poeta!

Felipe López Giraldo

2 comentarios:

Pedro Arturo* dijo...

Muchísimas gracias a Gotas de tinta no sólo por la invitación inolvidable a la lectura que compartimos en La Estrella, sino por la publicación del poema en el blog. Abrazos afectuosos.

Guillermo Acebedo dijo...

Gracias a Maria y a George por Gotas de Tinta y esta oportunidad de vivir la poesía.
Guillermo